Aluminio.
Pensando de forma circular.
1. Producción
El aluminio se obtiene de la bauxita (aluminio primario) o se produce reciclando descartes de aluminio (aluminio secundario). Para la producción de aluminio primario, el método habitual es la electrolisis de la alúmina mediante el proceso Hall-Héroult, que exige un consumo de energía muy elevado (13-15 MWh por tonelada de aluminio). El tratamiento de los descartes de aluminio reciclado es considerablemente más eficiente a nivel energético, requiriendo solo unos 0,7 MWh por tonelada. Esto ahorra hasta un 95 % de energía en comparación con la producción primaria.
2. Oportunidades
Reciclaje ilimitado: El aluminio se puede reciclar múltiples veces manteniendo casi intactas la mayoría de sus cualidades originarias, lo cual lo hace atractivo para la economía circular.
Balance de CO2 optimizado mediante elecciones de material y diseño: El diseño modular facilita la separación por tipos y reduce el consumo de material.
Reducción de CO2 mediante energía verde: El aluminio reciclado puede disminuir la huella de CO2 a 3,3 kg de CO2/kg. El aluminio primario con energía de centrales arboeléctricas, por el contrario, genera hasta 20 kg de CO2/kg. En países que utilizan en gran medida energías renovables, como Noruega o Islandia, se puede producir aluminio primario con una huella de CO2 de 3,7 kg de CO2/kg (p. ej. ISAL-Billets) o, con procesos especialmente optimizados, de solo 1,9 kg de CO2/kg (p. ej. Hydro 75R Green Billets).
Sostenibilidad social: Un mayor reciclaje reduce la dependencia de las minas de bauxita de países con condiciones de trabajo problemáticas como Brasil o China.
Procesos de fundición más verdes en desarrollo: Primeros proyectos piloto para procesos de fundición basados en hidrógeno o biogás muestran que el aluminio, en el futuro, se podría producir casi sin emisiones.
Mayor disponibilidad de material mediante ciclos cerrados: Bancos de material y modelos de “leasing” podrían garantizar la reincorporación específica del aluminio en el reciclaje.
Creciente relevancia de las Environmental Product Declarations (EPD): Las Declaraciones Ambientales de Producto serán cada vez más el estándar en el sector de la construcción. El aluminio reciclado mejora las valoraciones en las certificaciones LEED, BREEAM y WELL.
El factor estético en la fabricación de ventanas: Dado que el aspecto estético del aluminio no influye en la funcionalidad y durabilidad de las ventanas, se podrían aceptar pequeños defectos en el material, como los que se dan en el aluminio secundario.
3. Retos
Proceso de reciclaje energéticamente intensivo: Aunque el aluminio se puede reciclar de forma ilimitada, el tratamiento de la chatarra postconsumo exige complejas tecnologías de separación y fundición, en especial si el material presenta impurezas o está lacado.
Impurezas y problemas de aleación: Hay aleaciones indeseadas que no siempre se pueden eliminar. Por eso hay que dosificar con precisión el porcentaje de aluminio reciclado para garantizar las propiedades mecánicas y la procesabilidad. Un porcentaje mayor de chatarra postconsumo puede afectar negativamente la calidad del material.
Procesamiento lento: El aluminio postconsumido ralentiza el proceso de extrusión, lo cual aumenta los costes de producción.
Desequilibrio en el mercado y falta de regulación: Europa exporta anualmente 1,2 millones de toneladas de descartes de aluminio a la vez que importa aluminio primario, que genera muchas emisiones. La falta de una tarificación del CO2 mantiene económico el aluminio primario de forma artificial y evita una economía circular sostenible.
Falta de infraestructura para el reciclaje: Europa necesita más puntos de recogida, una mejor separación de la chatarra y programas de fomento específicos para el reciclaje de aluminio.
El “mix” energético como factor clave: En los países en los que la electricidad tiene una elevada intensidad de carbono, como Polonia (600 g CO2/MWh), la huella de CO2 es alta aunque el aluminio se recicle.
4. Escenario más optimista para 2050
Ciclo de material totalmente cerrado: Tecnologías avanzadas de separación y reciclaje hacen innecesario el uso de aluminio primario.
Porcentaje de reciclaje del 80-100 %: La producción de aluminio apenas produce CO2, con una huella inferior a 2 kg de CO2/kg.
Proceso de fundición verde: El uso de hidrógeno o biogás como combustible reduce aún más las emisiones. Hornos de fundición eléctricos avanzados y alimentados con energías renovables disminuyen adicionalmente las emisiones de CO2.
Se consolidan los ciclos de material y los modelos de “leasing”: En lugar de la venta directa, los productos de aluminio, como ventanas, fachadas y otros elementos, se utilizan según un modelo de “leasing”. Al final de su ciclo de uso, se devuelven de forma controlada para permitir su completo reciclaje y reutilización. Bancos de material administran estos productos a lo largo de todo su ciclo de vida para garantizar una economía circular cerrada.
Políticas para fomentar la economía circular: Medidas como el CBAM (Carbon Border Adjustment Mechanism) o mecanismos similares aseguran la imposición de aranceles elevados a las importaciones de aluminio con una elevada intensidad de CO2. Además, las subvenciones a las instalaciones de reciclaje y los puntos de recogida garantizan una economía circular eficiente.
Reducción del porcentaje de aluminio en los perfiles de las ventanas: Nuevas soluciones constructivas que requieran menos aluminio, por ejemplo, solo como revestimiento visto.