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Reframe Interior.
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Muebles con vistas.
Un espacio se define a través de sus líneas verticales y horizontales. A través de sus paredes, el techo y el suelo. Se define a través del contexto arquitectónico y a través de su función. ¿Necesita un espacio una ventana para ser considerado un espacio? No. Y si no es un elemento estructural fundamental, ¿es la ventana el primer objeto decorativo de un espacio? ¿El primer mueble? ¿Qué piensa un diseñador de muebles al respecto? Para Jonathan Olivares, Head of Design de Knoll, el diseño es un diálogo vivo entre el pasado y el futuro, entre intuición y función. Y con este espíritu accede a charlar con Verena Oberrauch. Una conversación sobre espacios y muebles, experiencias vitales y didácticas, cosas en común y diferencias. Y sobre la visión de percibir las ventanas no como elementos arquitectónicos, sino como objetos de diseño.

Jonathan Olivares conversando con Verena Oberrauch
Créditos fotográficos: Stefano Graziani, Tanya und Zhenya Posternak, Bas Princen, Federico Cedrone, Daniele Ansidei

Me gustaría empezar con algo personal: mi padre, Hans Oberrauch, fue el fundador de Finstral. Antes que crear la empresa, había trabajado como carpintero en un pequeño pueblo de montaña. Provenía de una familia humilde y su gran sueño era ser diseñador de muebles. Es decir que, en cierto modo, usted encarna el sueño de mi padre... ¿Qué le ha llevado al diseño y a este punto en su carrera?
Jonathan Olivares: Me emociona que me cuente esto y me recuerda a una cita del músico André 3000: saber en lo que uno es bueno es distinto que saber lo que uno realmente quiere hacer. Yo siempre me había imaginado dirigiendo mi propio estudio, diseñando muebles, pero mi trayectoria y mis cualidades me han conducido a un rol más amplio. En el fondo creo que soy un pensador. Es como si uno quisiera ser violinista a toda costa solo para darse cuenta de que es mejor como director de orquesta.
Ya de niño tenía un especial sentido de percepción de mi entorno y los objetos. Todavía me acuerdo de un coche en miniatura, un Porsche 911. También tenía un Lamborghini Countach y un Mercedes 320 SL, pero para mí estaba claro: esos son chulos, pero el 911 es EL coche. Recuerdo cada detalle, incluso el ruido de las puertas al cerrarse. Al igual que recuerdo estar a los pies de la torre John Hancock en Boston siendo un adolescente para montar en monopatín y apreciar todos los detalles arquitectónicos del edificio. Esa sensación de vínculo con los objetos y espacios ha permanecido y me ha marcado, da igual si se trata de muebles, salas de exposición o espacios interiores. Intento no trazar fronteras muy estrictas. Cuando llegué a Knoll, muchos me preguntaban si echo de menos diseñar y pensé: “Sigo diseñando, pero a otra escala”.

Me impresiona su capacidad para rodearse de personas afines, de no perder la curiosidad, de entablar verdaderas amistades. Recuerdo especialmente una frase de su época con Konstantin Grcic. Dijo que en aquel entonces descubrió el placer de trabajar. ¿Qué le llenó tanto de esa experiencia?
Si tuviera que resumirlo en una palabra sería: curiosidad. En el estudio de Konstantin esta era desbordante. La gente quería profundizar realmente en los temas y tejer un marco creativo en torno a ellos. Me recordaba a la entrega de los que van al gimnasio en Los Ángeles, que entrenan horas seguidas y se sumergen en su rutina. Con cuanta más seriedad trabajábamos, mayor placer nos producía. Puede sonar paradójico, pero cuanta más entrega, concentración y tiempo invierte uno en algo, más profunda es la recompensa, casi espiritual.
No obstante, había un problema. Hace 20 años que empecé a trabajar en la oficina de Konstantin y tras una década de intenso trabajo estaba quemado. No quería ni pensar en el diseño. Cerré mi estudio y cambié radicalmente mi enfoque. He tardado años en desaprender esa forma estructurada de trabajar. Me he dado cuenta de que las mejores ideas surgen cuando no estoy trabajando conscientemente. Eso lo he aprendido en Los Ángeles. Mis amigos, muchos de ellos artistas o actores, no trabajaban a todas horas; al contrario, tenía mucho tiempo libre. Entendí que no necesitaba todo eso. Me había construido una cárcel. No tengo que estar constantemente ocupado o tener una agenda llena hasta los topes. Mejor me siento en un café, me veo una película en mitad del día o paso tiempo en el gimnasio. Para mí, trabajar significa no estar nunca en una oficina. Prefiero lo que podría calificarse de holgazanear, como los que montan en monopatín en lugares públicos, no siempre bien vistos, pero con otra perspectiva de las cosas. La época en el estudio de Konstantin fue una experiencia maravillosa, pero ese modo de trabajar no es el mío. Prefiero actuar como lo hacía durante la carrera. En realidad, no me gusta cargarme de trabajo. Prefiero pensar con intensidad sobre un proyecto durante dos o tres años y, cuando llega el momento oportuno, realizarlo en tres horas porque sé exactamente lo que hay que hacer. Cada uno es distinto.
¿Se puede diseñar conscientemente algo atemporal? Nuestras ventanas, por ejemplo, están hechas para que funcionen sin problemas durante tres, cuatro o incluso cinco décadas. Pero, por supuesto, deseamos que la gente no las conserve solo por su durabilidad, sino también porque son estéticamente atractivas.
Mi instinto me dice que solo existe el presente, ningún futuro, ningún pasado. Muchos grandes pensadores comparten esta idea y yo creo en ella. Si permaneces en el momento, tu trabajo tiene mayores posibilidades de seguir existiendo en el futuro. Rumiar en exceso o la fijación por un futuro cualquiera hace que el diseño envejezca rápidamente porque es rígido. Está unido a un tiempo y un lugar.
Algunas obras arquitectónicas postmodernas son icónicas de los años 1980, están ancladas a su tiempo. Todo lo que hoy se considera atemporal fue contemporáneo en su día y quizás sigue siéndolo. Solo cuando se está plenamente presente puede ser lo que uno crea atemporal, porque se convierte en una expresión auténtica de ese momento. Ahora es de algún modo siempre ahora.
Quizás no haya una fórmula establecida para ello, pero la presencia podría ser una clave.

“Como diseñador nunca trabajo en la oficina. No me gusta cargarme de trabajo. Prefiero pensar con intensidad sobre un proyecto durante dos o tres años y, cuando llega el momento oportuno, realizarlo en tres horas porque sé exactamente lo que hay que hacer.” – Jonathan Olivares

Dice que diseña una empresa, pero su pasión por los productos es evidente. ¿Qué significado tienen para usted las tendencias?
Hace 15 años, cerré mi oficina y desarrollé una aversión por los medios de diseño, ya no compro revistas ni navego por páginas web de diseño. En ocasiones cojo un libro sobre arquitectura o escultura, pero con mucha más frecuencia me dejo inspirar por cosas que sencillamente me parece bonitas, como montar en monopatín, la fotografía o el arte contemporáneo. No para comprender dónde se encuentra el mundo ahora mismo, eso no me interesa realmente. Knoll es una marca que existe más allá de las tendencias. Para la nuevas piezas me concentro en capturar el espíritu arquitectónico del momento. Este refleja una época con mayor fuerza que tendencias fugaces. Las tendencias resultan como un “después”, como tableros de Pinterest que preguntan: “¿Qué hacen otros?”. Yo prefiero comprobar si una pieza encaja en el lenguaje arquitectónico contemporáneo y si funciona en el espacio interior.
Esta filosofía me ha llevado a personas como Frida Escobedo y Dozie Kanu, que marcan el espíritu de la época y me inspiran. Pero también tengo en cuenta el lado práctico: ¿Puede la comunidad artística y diseñadora interpretar para sí esta pieza? Creo que cuando uno equilibra estos dos aspectos, surgen piezas atemporales, porque entonces en su esencia están bien hechas. En cierto modo, mi trabajo en Knoll se asemeja al de un redactor. Se trata de decir: nosotros diseñamos la portada, cinco grandes historias al año, lo fundamental que realmente cuenta hoy en día.
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Visionario: Bajo la dirección de Jonathan Olivares, el pabellón Knoll fue rediseñado para el Salone del Mobile. Diseñado por OFFICE, retoma el código del Modernismo y está hecho con materiales reciclados y reciclables de Finstral. La estructura se puede desmontar por completo y ser reutilizada una y otra vez cuando se necesite.
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Jonathan Olivares es una de las mentes que lideran el diseño industrial estadounidense contemporáneo. Trabajó con Jasper Morrison y Konstantin Grcic, ha diseñado para Vitra, Nike y Kvadrat, y sus muebles de diseño preciso forman parte de las colecciones del museo Vitra Design o del LACMA en su ciudad de elección, Los Ángeles. Desde abril de 2022 dirige, como Head of Design de Knoll, el desarrollo continuo de la marca con la mirada puesta en el futuro, pero sin perder de vista su rico legado de diseño.
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Muebles con vistas: una ventana enmarca el mundo exterior y abre espacio para nuevas historias.
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Cada detalle cuenta: ya se trate de dar vida a un armario encerándolo o de limpiar ventanas antes de la inauguración de una exposición, para Jonathan Olivares ocuparse de los detalles es un acto íntimo. El amor invertido siempre se recibe de vuelta.
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Verena Oberrauch forma parte del Consejo de Administración de Finstral, bajo dirección familiar, y es responsable de las áreas de negocio de Bélgica, Suiza y Austria. Estudió Política Internacional en Washington D.C. Y Empresariales en Milán, y trabajó en la cooperación internacional para el desarrollo antes de incorporarse a la empresa familiar en 2010.
Procedemos de una tradición orientada al producto: artesanos, carpinteros, técnicos. Sabemos cómo diseñar ventanas cada año mejores y más funcionales. Sin embargo, nos preguntamos también: ¿Qué hace bonita una ventana? ¿Deberíamos seguir las tendencias? ¿En qué deberíamos inspirarnos? A mi padre le encantaba el buen diseño. Aunque ya no vive, queremos continuar su visión. Quizás tenga razón y se trate de encontrar a personas que interpreten el presente con sensibilidad y sentido.
Exacto. Cuando hay que resolver problemas, busco el contacto directo. Paso mucho tiempo con nuestros clientes en sus instalaciones, en casas, oficinas y estudios de arquitectos. Allí detecto patrones y contextos: oh, esto lo hemos pasado por alto. O: aquí hay una necesidad creciente.
En Knoll he formado un equipo de diseño a mi alrededor: Kersten Geers y David Van Severen se ocupan de los pabellones y algunos muebles, Frida Escobedo diseña muebles y yo trabajo con Jonathan Muecke, Johnston Marklee, así como arquitectos y escultores de mi confianza. Para determinados proyectos los invito a bordo de forma específica y defino previamente las tareas en vez de esperar a sus ideas. Mi papel consiste en identificar retos y desarrollar estrategias que conecten las necesidades del cliente con nuestras posibilidades de fabricación. Cuando vemos una buena oportunidad de mercado y tenemos capacidad de producción, necesitamos al socio adecuado, un diseñador que aporte una mirada fresca y pregunte: ¿Qué tal si lo hacemos así? Para mí, crear la estructura y establecer un objetivo claro, es una de las fases más importantes de un proyecto. Después le toca el turno al diseñador de dar en la diana y dar vida al concepto.

Como diseñador o como particular: ¿Qué hace que una ventana sea bonita?
Mis casas favoritas son las que han sido diseñadas para fotógrafos o artistas, en las que la ventana funciona como la apertura de una cámara: enmarca las vistas y dirige la mirada hacia el paisaje. Las ventanas panorámicas a ras de suelo que lo revelan todo me resultan demasiado desnudas, casi pornográficas. Admiro los trabajos con vidrio de Gerhard Richter, en especial su ciclo “Acht Grau” (ocho grises). También me fascina “La novia desnudada por sus solteros, incluso” de Marcel Duchamp. Ambas son obras en las que el vidrio actúa a la vez como ventana y pantalla. Además me encantan los diseños comerciales: escaparates pintados, luces de neón, la energía de lugares como Sunset Boulevard o Sunset Strip.

Una foto le muestra limpiando ventanas en una librería diseñada por usted. Me imagino que fue hecha durante la preparación del establecimiento. Esa emoción especial previa a la revelación de algo nuevo.
¿Ha leído “La poética del espacio” del filósofo francés Gaston Bachelard? Es el libro que realmente recomiendo a todo el mundo. Bachelard contempla hasta el más mínimo detalle de una casa, el baño, el armario, etc., desde una perspectiva espiritual, poética, profundamente humana. Describe lo íntimo que es cuidar estas cosas, por ejemplo, encerando un armario para volver a darle vida. Hay amor en ello y ese amor se recibe de vuelta. Siempre me ha gustado limpiar, incluso de niño. Mi padre tenía una mesa de cristal, una especie de réplica de Le Corbusier, y encontrar mis huellas en ella le ponía de los nervios. Así que yo era el responsable de mantener limpia la mesa. Con el tiempo empezó a gustarme el olor del limpiacristales y todo el proceso, podría pasarme el día limpiando cristales. Si lo del diseño dejara de funcionar, pasaría de inmediato a ser limpiacristales con una rasqueta en la mano. También me encanta lavar y encerar mi coche. ¿Pasar todo un sábado haciéndolo? ¡Mi día perfecto!

Quería preguntarle por su proyecto favorito, pero parece que sea siempre el siguiente en el que está trabajando.
¡Exactamente! Como dijo una vez el diseñador Richard Sapper: “Mi mejor proyecto y el único sobre el que quiero hablar es en el que estoy trabajando ahora”.
En estos momentos, en Knoll nos estamos concentrando en desarrollar productos para el pabellón que Kersten, David (Kersten Geers y David Van Severen de OFFICE, nota de la redacción) y usted han diseñado juntos. Es nuestro tercer año con la casa como tema en la feria del mueble de Milán Salone del Mobile. De este modo tenemos un espacio para soñar, un lugar para el que diseñamos muebles. En 2024 presentamos tres nuevas piezas: un sillón lounge, una colección de sofás y una colección de comedor, cada una de diferentes diseñadores. Jonathan Muecke, un escultor, y los arquitectos Johnston Marklee colaboraron en el sofá, mientras que Willo Perron ha diseñado el sillón lounge, que es una continuación del sofá del año pasado.
En vez de con diseñadores de productos, prefiero trabajar con arquitectos, interioristas y escultores. Para Knoll no se trata de objetos aislados, sino de piezas que se integran en un contexto espacial. Los diseñadores industriales a menudo no contemplan los muebles desde esa perspectiva. Por eso, el equipo es tan decisivo para nosotros, buscamos mentes extraordinarias que ven la posibilidad de colaborar con Knoll como una oportunidad para diseñar algo realmente significativo.

“Las tendencias resultan como un ‘después’, como tableros de Pinterest que preguntan: ‘¿Qué hacen otros?’. Yo prefiero comprobar si una pieza encaja en el lenguaje arquitectónico contemporáneo y si funciona en el espacio interior.” – Jonathan Olivares

Nosotros fabricamos también sistemas de paredes divisorias, pero somos un fabricante de ventanas, por eso tanto más nos alegró que usted volviera a utilizar la casa en Milán. De este modo se cierra el círculo de la visión de mi padre.
Cuando Kersten y David dijeron que trabajaban con una empresa especializada en frontales acristalados para fachadas, pensé: ¡genial! Pero con el tiempo tuve claro que ustedes no son un mero fabricante. Son una empresa cultural que realmente comprende nuestro trabajo, al igual que nosotros el suyo. Es una sensación agradable tener una amistad que comparte los mismos valores y pasiones. Es algo que me hace realmente feliz.

¿Qué supone ofrecer a los clientes la posibilidad de personalizar un producto? Al fin y al cabo hay ocho mil millones de individuos en el mundo cada uno con un gusto propio. En mi trabajo le doy muchas vueltas a esa cuestión de la participación creativa. Usted dijo una vez: “Muchos de los muebles de Knoll están inacabados de modo que el cliente pueda asumir un papel activo seleccionando colores, superficies y materiales”. Seamos sinceros: ¿favorece esto el proceso de diseño?
Esa cita hacía referencia específicamente a Knoll. Yo personalmente no creo en las posibilidades de elección. Yo hago el trabajo para mí, soy mi propio cliente y me da igual lo que los demás piensen. Un enfoque que también defiende el productor de música estadounidense Rick Rubin. Pero Knoll es una empresa de interiorismo, nuestros clientes son arquitectos y estudios de interiorismo. Para ellos, las posibilidades de elección son una herramienta para integrar nuestras piezas en una visión de diseño más amplia. Por eso ofrecemos diferentes colores, materiales y telas, para permitir esa libertad profesional. 

En este contexto podría decirse que Finstral es una empresa de interiorismo...
¡Exactamente! Creo que todos los fabricantes buenos de elementos de construcción relevantes arquitectónica y estéticamente son siempre también empresas interioristas. Mi tarea consiste en convencer a arquitectos de que nos vean como socios, pero no para decirles cómo tienen que trabajar. Con frecuencia digo: Knoll es como un mercado semanal. Suministramos los mejores ingredientes —verdura, carne, queso— y el cocinero es el arquitecto. Él crea el plato final. En este sentido nos parecemos.

Los productos de Knoll son apreciados como objetos de inversión; las ventanas, por el contrario, a menudo son infravaloradas como una especie de objeto de consumo. Nuestro objetivo es transmitir que las ventanas, al igual que los muebles de calidad, configuran los espacios y la arquitectura. No es ninguna casualidad que los diseños icónicos se suelan escenificar delante de ventanas impresionantes. Sin embargo, las ventanas en sí parecen llamar la atención de los diseñadores solo en contadas ocasiones. ¿Por qué hasta ahora estos dos mundos rara vez han ido de la mano?
Imagínese que un diseñador pudiera montar una ventana de Herzog & de Meuron sin tener que encargárselo a un estudio de arquitectura, de forma tan natural como se decide por un inodoro de Philippe Starck o un suelo Dinesen. Yo veo un futuro en el que las ventanas sean apreciadas como objetos de diseño. Un ejemplo extremo es el pabellón de cristal líquido de Ross Lovegrove para Lasvit, que fue presentado en 2012 en la Trienal del Museo de Diseño de Milán. Una superficie que parece que parece estar en la transición del estado líquido al sólido. Probablemente, nadie aparte de Lovegrove querría utilizar una solución tan vanguardista como esa, pero esta muestra el potencial que albergan las ventanas. Y permitió plantearse soluciones más universales que aumentan el valor de la ventana como elemento de diseño arquitectónico.

Cuando regresé a Finstral después de mi etapa como asesora de empresas, mi padre me dijo: “Verena, al principio también pensé que las ventanas eran aburridas, pero con el tiempo he aprendido que eso no es así”. ¿Cómo ha cambiado su perspectiva respecto al diseño? ¿En qué aspecto ha evolucionado usted?
Cuando tenía 18 años, algunos de mis amigos se mudaron a California para hacerse profesionales del monopatín. Yo podría haber ido con ellos, al menos a California. No sé si hubiera conseguido ser un profesional, pero algunos de ellos tuvieron éxito y aparecen incluso en el videojuego de Tony Hawk. Yo recuerdo cómo pensaba entonces: quería hacer algo a lo que pudiera seguir dedicándome por completo cuando tuviera 50 años y en lo mejorara con el tiempo. Con el monopatín llega un momento en que el cuerpo te dice basta.
El arquitecto y diseñador italiano Ettore Sottsass despegó a los 60, Memphis fue su punto álgido. El diseño cobra una mayor profundidad cuanta más experiencia se acumula. En mi década de los veinte y de los treinta nunca sentí que había “llegado”. Siempre supe que sería realmente bueno más adelante. Solo con el tiempo reconoce uno nexos que antes le permanecían ocultos. Cosas que parecen separadas se unen de repente en un todo. Hoy en día soy más abierto y a la vez más decidido, tomo decisiones intuitivas con mayor rapidez. Cuanto mayor soy, más confío en mi instinto antes que en la pura lógica. Parece como si una segunda naturaleza asumiera el mando.
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